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Cuadernos 508

Lecturas, Cuadernos hispanoamericanos, nº 508, octubre de 1992, pp.131-132

Contra el amor en compañía *

La reflexión sobre las circunstancias que rodean la realidad artística constituye materia de creación para Carmen Riera quien, en su obra tiene en cuenta las relaciones entre el arte y la vida. Desde Una primavera per a Domenico Guarini (1981) donde se plantea la relación entre una periodista y el supuesto profanador del famoso cuadro de Botticeli, La Primavera, la autora se mueve en el espacio de lo meta artístico. Mostrando a través de un caleidoscopio infinitas posibilidades de relaciones entre los elementos que componen el acto de la palabra, el cual va mas allá de lo literario, Riera logra crear una serie de pequeños mundos que se integran a un universo más vasto y complejo.

Conforman dichos mundos escritores, lectores, agentes literarios, fans, mitómanos, traductores, estudiantes, profesores, aspirantes a premios literarios, etc. Estos protagonistas, en ocasiones, no son más que piezas manipuladas por intereses ajenos al hecho estético. Así, una computadora establece correspondencia con un provinciano mediante las ventas por correspondencia, en «Letra de ángel»; un onanismo de tipo erótico literario se justifica, evidenciando las incompatibilidades entre el amor y la escritura, en «Contra el amor en compañía»; el  tema del doble se maneja mostrando las complejas relaciones entre un poeta y su traductor, en «Mon sembable, mon frere»; un alucinado aspira obtener todos los premios literarios y sueña con escribir la novela total, en «La novela experimental»; una mujer quiere sentir primero en carne propia lo que son el dolor y la falta de libertad, para poder luego escribir una novela sobre ese tema, en «La petición»; se nos muestra el contenido de la ficha de una escritora en el año 2030, donde se menciona con mordacidad su excesiva actividad: entrevistas, programas de televisi6n, conferencias, premios, viajes, matrimonios, amantes, ligues, en «Informe»; la hija, protegida con un seudónimo, plagia a la madre, una prestigiosa escritora, en «De Eva a María»; el lector aspira a convertirse en corrector de estilo, secretario o amanuense de las escritoras más importantes, pero frustrado en su deseo, recurre al travestismo para acercarse a los escritores más importantes, en «La seducción del genio»; el anónimo poeta sabotea un acto en el Ateneo para conseguir la popularidad que no alcanzan sus versos, en «Echarse al ruedo»; una escritora española asiste a una universidad de Hamburgo, invitada por un profesor, especialista en su obra, quien le suscita secretos deseos eróticos que ella niega de forma radical para salvaguardar su matrimonio, en «Que mueve el sol y las altas estrellas».

En conjunto, estos diecinueve relatos constituyen una visión irónica del mundillo literario desde dentro y desde fuera, pues la escritora es parte activa de la realidad que aborda y al mismo tiempo es observadora. Para poner en escena a los personajes se desdobla, es a la vez escritora, lectora, crítica, estudiante, profesora. Tal cantidad de representaciones no termina allí, pues quien escribe algunas veces se vuelve sobre sí mismo, convirtiéndose en lector-autor, que se satisface creando y gozando del resultado de su propia creación, cerrando el circuito de la experiencia estética, tal que en el cuento que da título al libro.

Si el goce, como afirman algunos teóricos, constituye el fundamento mismo de la experiencia estética, Carmen Riera lo confirma al mostrar la función lúdica del arte y, al mismo tiempo, lo niega sugiriendo que ese placer estético es también amargura, frustración, resentimiento y algunas veces miseria humana. Sin embargo, la autora despoja su crítica de cualquier sentimiento trágico para ofrecer un libro cargado de humor en el que el narrador no disimula el placer mordaz que le produce descubrir el entramado del hecho literario. De manera irreverente la escritora muestra de forma demoledora como el mito de algunos escritores se levanta sobre frágiles cimientos.  Asimismo vemos textos cuya autoría es dudosa, pues en «Mon semblable, mon frere» el poeta solo puede tener éxito gracias a la versión que de su obra ofrece el traductor. En cambio, en «Contra el amor en compañía» el goce se fundamenta en la creación y es a la vez goce de la vida, del pensamiento, de la acción, de la conciencia solitaria que al gratificarse a sí misma se anula. Ese goce es una manera de negar el mundo del otro y asegurar la posesión de sí mismo.

Mirar desde la distancia el hecho literario permite a la autora captar los matices de ese mundillo, pero no la libra del peligro de reducir los diferentes discursos a caricaturas de quienes conforman ese vasto entramado de autores, lectores, editores, traductores, etc.


*Contra el amor en Campañia y otros relatos, Carmen Riera, Ediciones Destino, Barcelona, 1991, 218 págs.



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