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Cuadernos 509

Lecturas, Cuadernos hispanoamericanos, nº 509, noviembre de 1992, pp. 149-153

  • Cárcel de árboles. El salvador de buques, Rodrigo Rey Rosa, Barcelona, Editorial Seix Barral, 1992.

Los dos relatos que forman este volumen parecen pertenecer al género de la ciencia ficción. Cárcel de árboles plantea un terma que va más allá de la explotación del ser humano en una dictadura centroamericana. Es una reflexión sobre el lenguaje, sus limitaciones y su alcance. Los disidentes de un régimen son convertidos en esclavos sin entendimiento y uno de ellos se salva porque puede escribir sus experiencias en un cuaderno. Éste se oculta en la copa de un árbol y antes de evadirse le entrega papel y lápiz a otro prisionero.

El salvador de buques es un relato que cuestiona la deformación que pueden sufrir los científicos, pues los psicólogos analizan el equilibrio mental de los militares mediante unos test peculiares. El almirante Ordoñez, inquieto por las complejas preguntas, presiente una conspiración y la paranoia lo lleva a destruir buques cargados de civiles.

En sus relatos, Rey Rosa (Guatemala 1958), construye un universo que trasciende la historia para analizar los mecanismos de uso y abuso de poder en una sociedad donde el ser humano va perdiendo su condición de tal. La incomunicación entre los individuos, la paranoia de los políticos, el equivocado enfoque de la ciencia y la ambición de los poderosos, desencadenan un monstruoso proyecto de aniquilación del hombre mediante la manipulación de su cerebro, demostrando que ese «Mundo Feliz» que concibiera Huxley está demasiado cerca de nosotros.

  • La realidad en la novelística de Manuel Puig, Patricia D. Jessen, Madrid, Editorial Pliegos, 1990.

En este ensayo su autora indaga sobre los conflictos sociales, políticos, económicos y culturales argentinos y establece la relación entre la novelística de Puig y la sociedad argentina, a la luz del pasado y del presente de ese país. Así, pretende demostrar que en la narrativa de Puig -quien, como es sabido, no solo expresa los problemas sociales del momento vividos por él, sino que influido, fundamentalmente por el cine, se permite un tratamiento kitsch de las opacas vidas pueblerinas- da cuenta de importantes momentos históricos.

La incomunicación, la influencia de la cultura de masas, la lucha por ascender socialmente, la sexualidad y el ambiente de asfixia y de muerte, presentes en su obra, son ampliamente analizados par la autora en novelas como La traición de Rita Hayworth. Jessen explica momentos decisivos en la historia del país: la década de los treinta, conocida como la «Década infame», cuando los conservadores manipularon las elecciones para mantenerse en el poder, la de los cuarenta, cuando Perón se convierte en un líder popular.

A su juicio, Puig refleja la crisis en esos periodos cruciales, pasando del nivel individual al de la clase y de allí al sistema cultural, mostrando por medio de los ejemplos el curso que sigue la sociedad; en El beso de la mujer araña, además de esas épocas, llega a los setenta, donde se aprecian unos esfuerzos fracasados por destruir el peronismo, un estado de desasosiego y una falta de confianza en el gobierno.

  • La Liebre, César Aíra, Buenos Aires, Emece Editores, 1991.

A mediados del siglo XIX -época de Rosas-, un naturalista inglés, cuñado de Darwin, se interna en las regiones habitadas por los indios, en busca de un raro ejemplar: la liebre legibreriana.

El dictador le facilita su mejor caballo. Lo acompañaron un baqueano y un joven acuarelista de la sociedad porteña. Los tres inician su viaje en Salinas Grandes, la corte de Cafulcura, cacique de los mapuches, y terminan el recorrido meses después en el agujero de la Sierra de la Ventana.

La expedición que en principio tiene unos fines estrictamente científicos, acaba convirtiéndose en un fabuloso viaje bajo el imponente cielo de la pampa. Clark, el protagonista, se encuentra con el cacique mapuche quien le demuestra que su conocimiento de la naturaleza va más allá de las teorías de Darwin. La mezcla de sabiduría y fantasía que encierran las palabras de Cafulcura contrasta con su lógica occidental. «Lo que el viajero ignora es que al imponer y/o encontrar la ley, crea un círculo hechizado a su alrededor del que no podrá salir tan fácil», dice el cacique. Entre el absurdo y la lógica se mueve esta interesante novela hecha de mundos en choque y de paradojas.

Aíra, nacido en Coronel Pringles, Argentina, en 1949, también es autor de ocho novelas: Moreira, 1976; Emma la cautiva, 1981; La luz argentina, 1983; Canto Castrato, 1984; Una novela china, 1987; Los fantasmas, 1990; y El bautismo. Cuentos: El vestido rosa, 1984 y Cecil Taylor, 1987. Ensayo: Copy, 1991 y Nouvelles impressions du petit Maroc, 1991.

  • Una mujer en la cama y otros cuentos, Clara Obligado, Madrid, Editorial Catriel SA, 1990

En estos relatos, su autora incursiona en la región mítica de lo innombrado para añadir un elemento nuevo a la realidad, incorporando a su discurso una tradición cultural, en la que la mujer ha sido sometida.

Desde diferentes perspectivas, Obligado nos muestra esa compleja realidad en la que no aparecen culpables ni inocentes. En «La casa nueva», por ejemplo, la protagonista evoca la memoria de hombre de la madre y trata de volver a las raíces, recorriendo un camino en el que deja trozos de su vida: «Toda elección tiene algo de pequeña muerte», nos dice; en «La ventana» y en «Adiós amor», recurre a la ironía para desenmascarar la voluntaria sumisión de la mujer en las relaciones de pareja; en «El cincuenta y cinco», una niña recuerda el suicidio de la madre; en «El cazador» hay una bruma de melancolía, de pérdida irreparable y los personajes ya no saben si existen o han desaparecido; «Una mujer en la cama» se convierte en la metáfora sobre la vida y la muerte, el clima fantástico de la historia nos guía por caminos donde lo insólito irrumpe en lo cotidiano para constituirse en un elemento salvador.

Entre el deseo y la muerte, la realidad y la fantasía oscila el universo narrativo de esta interesante escritora que intenta el diálogo entre lo masculino y lo femenino, a través de la poesía, espacio donde lo contradictorio y lo antagónico pueden reencontrarse.

  • Los hechos de Zacarías, Guillermo Morón, Barcelona, Plaza y Janés Editores, 1990

Los hechos de Zacarías es la última novela del escritor e historiador venezolano Guillermo Morón, quien ha publicado, entre otros, Historias de Francisco y otras maravillas (cuentos) y Ciertos animales criollos (fábulas).

A través de Zacarías -peón y arriero de los Andes venezolanos de fines del siglo pasado- el autor reúne en esta novela un conjunto de historias donde se narran experiencias de guerras ocurridas en los caseríos situados en los estados de Lara y Trujillo.

Acaso inspirado en Asturias y Roa Bastos, Morón consigue una voz propia que es la expresión de la conciencia de un pueblo. Zacarías es la memoria colectiva que se renueva con el tiempo, que retoma a los mitos, como quien bebe de las fuentes ancestrales. Los personajes del pueblo de Arenales se funden con las deidades que los engendraron y evocan las leyendas, como la del Dorado, la del cacique que se bañaba cubierto de oro; en ocasiones retoman la filosofía animista de las culturas precolombinas, convirtiéndose en árboles: «Así fue, poco más o menos, solo que ese tronco era yo que estaba dormida, me había comido toda una aldea de jirafas, con cacique y todo [...]».

Entre el vanguardismo y el regionalismo, Morón retoma esta última dirección con la certeza de que redescubriendo el repertorio fabuloso de las leyendas populares encontrará las claves de una tradición que constituye uno de los rasgos definidores de la cultura hispanoamericana.

  • Pensamiento crítico y crítica de la cultura en Hispanomérica, Ana Pizarro, Sonia Mattalia y otros. Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 1990.

El conjunto de ensayos que recoge este volumen son las intervenciones de un seminario sobre el tema, organizado por el Instituto de Cultura Juan Gil Albert, en colaboración con el ICE de la Universidad de Alicante. Este trabajo se propone relacionar la producción literaria en Hispanoamérica con la reflexión crítica que ha surgido de forma paralela a este hecho. Obras como las de Andrés Bello, José Enrique Rodó, José Martí, José Carlos Mariátegui y más recientemente, José Luis Romero y Ángel Rama, son una prueba del interés que la intelectualidad hispanoamericana ha tenido de apropiarse del fenómeno estético y explicarlo dentro del contexto actual.

Ana Pizarro, en El pensamiento crítico latinoamericano, se remonta a las polémicas sobre 1o que representó la idea y el nombre de América Latina, para mostrar que se trata de un concepto en evolución que se constituye como pluralidad, pero con una permanente vocación unitaria; Sonia Mattalia, en Estética romántica y estética modernista, propone una nueva historiografía que permita construir la complejidad de las relaciones de Hispanoamérica con la cultura europea y universal; Francisco José López, en El pensamiento estético de Mariátegui, reivindica la figura del crítico peruano y José Carlos Rovira, en Sobre recuperaciones del pasado e identidad cultural hispanoamericana, analiza las implicaciones de un fenómeno como la transculturación en el pasado y el presente de Hispanoamérica.

  • La utopía, el teatro, el mito. Buenos Aires en la narrativa argentina, Maria Cecilia Grana, Roma, Bulzoni editore, 1991.

Refiriéndose a Buenos Aires, la autora de este volumen dice: «En el siglo XX, algunos autores describen la ciudad aún con una imagen decimonónica; Borges, Mujica Laínez, Bioy Casares, mantienen, pero invirtiéndola, la estructura utópica prevalente en aquella, pues constituyen su poética urbana apoyándose en la nostalgia y las memorias frente a la crisis mundial y nacional».

Grana reconstruye los ejes semánticos que trazaron los cimientos de la ciudad como tema literario. Para ello toma como punto de partida obras como El Matadero de E. Echeverría; Facundo de D.F. Sarmiento; Amalia de J. Marmol; La bolsa de J. Martel; Quilito, de C.M. Ocantos y Libro extraño de F. Sicardi.

A su juicio, en Sarmiento y Echeverría la ciudad surge del contraste entre el espacio real rechazado (lo bárbaro) y el locus futuro que se debe construir (la civilización). Los intelectuales de los ochenta afirman, en cambio, la existencia entre ser la más europea de las ciudades de América del Sur y su destino continental.

Del mismo modo, irrumpen los suburbios que constituyen la matriz cultural de Buenos Aires. La autora dedica una buena parte del libro al estudio de este tema en la narrativa de Sicardi, quien elige el suburbio como cronotopo y representación viva de los cambios ocurridos en la relación ciudad-campo. En cambio, en Facundo, la ciudad es propuesta al resto del país como paradigma de civilización.

  • Versiones y reversiones históricas en la obra de Cabrera Infante. Dinorah Hernández Lima, Madrid, Editorial Pliegos, 1990.

En este ensayo, Hernández Lima, profesora de Cultura y Literatura Hispanoamericanas en Towns State University, muestra cómo Cabrera Infante ha hecho de la historia de Cuba un elemento importante de su novelística.

La autora propone varias lecturas: una extra textual y otra donde se estudia el libro como obra de arte y la historia se aprecia igual que una imagen visual.

Su tesis se basa en que el proyecto literario de Cabrera Infante es hacer una crónica de la Habana precastrista, la de los años cincuenta, y, a la vez, mostrar el ambiente, el color local, las costumbres, el lenguaje, la historia y la estructura física de sus personajes.

En La Habana para un Infante difunto, novela de carácter autobiográfico, a su juicio, se mantiene un tono testimonial por la clara presencia de personajes conocidos en la ciudad en esa época; en cambio, en Vista del amanecer desde el trópico, se resalta la ausencia de nombres propios, tanto de lugares como de personas; se enfoca la violencia de la historia desde las tribus aborígenes hasta la época de Castro. La obra, concluye, se convierte en un texto autocuestionador de las fuentes históricas tradicionales.

Este ensayo no deja de resaltar la predilección de Cabrera Infante por las formas fragmentadas, tanto en su narrativa de sustrato histórico como en la totalidad de su escritura.

  • La utopía de América, teoría, leyes, experimentos, Beatriz Fernández Herrero, Barcelona, Editorial Anthropos, 1992.

A partir de una consideración de la teoría y la práctica americanas desde la óptica de la utopía, Fernández Herrero aspira a despertar una actitud nueva a la hora de narrar y valorar los hechos en los que se basa la leyenda negra acerca de la conquista y la colonización españolas en América, al tiempo que intenta mostrar la otra cara de la moneda: los intentos pacíficos de hispanización de los aborígenes.

Remontándose a los mitos del «Paraíso Perdido» y del «Buen Salvaje, hasta los móviles y factores técnicos que facilitaron la empresa, la autora se apoya en textos de Platón, Aristóteles y Séneca en los que se alude a una isla grande, como un continente, situada al oeste de Europa.

«Ante todo, los españoles, portadores y representantes de todo el mundo occidental -de la cristiandad- llevaron a América un ideal utópico que en Europa ya era imposible de llevar a cabo, y con el carácter de utopía fue incluida en el tiempo-eje europeo. Como utopía, el continente que antes era solo Geografía, pasara a ser, a partir de entonces, Historia, afirma Fernández Herrero, excluyendo de su concepto de lo histórico siglos de cultura precolombina que han tenido un peso enorme en la conformación de esa utopía a la que se refiere y que en países como México y Paraguay, país al que dedica varios capítulos, tienen una vigencia indiscutible.

  • Los géneros ensayísticos hispanoamericanos, Teodosio Fernández, Madrid, Taurus, 1990.

En este trabajo su autor aclara que considera ensayos aquellos textos que no pertenecen a la ficción narrativa, ni al de la lírica, ni al del teatro y recurre a una definición negativa de los mismos porque, como lo ha expresado Alfonso Reyes, es muy difícil delimitar el campo del ensayo, un género donde «hay de todo y cabe todo».

Partiendo de crónicas de la conquista, Fernández nos ofrece una relación de las obras más representativas de ese periodo, entre los que destaca De orbe novo, donde Pedro Mártir de Anglería formula la leyenda definitiva del «Buen Salvaje»; en la prosa colonial da cuenta, entre otros, de Sor Juana Inés de la Cruz, quien con su texto a Sor Filotea hace una defensa de la capacidad intelectual de la mujer; en la independencia destacan Fernández Lizardi y Andrés Bello, de quien dice: «Tan reacio a las reglas como a los excesos, también fue ajeno a las posiciones radicales que por algún tiempo enfrentaron luego a neoclásicos y románticos ( ... )». Asimismo, señala las consecuencias del pensamiento positivista en los pensadores del XIX; la preocupación por la búsqueda de la identidad americana en los ensayistas de las primeras décadas del XX; hasta llegar al ensayo contemporáneo, con Borges como uno de sus máximos exponentes. «De ahí que las ideas que nos formamos de las cosas, y tal vez lo que creemos un cosmos, un orden, no es sino una sistematización arbitraria, derivada de un conocimiento siempre parcial.»

  • Autor-lector. Alicia Rivero Potter, Detroit, Wayne State, University Press, 1991.

Desde los conjuradores de la época primitiva, pasando por los magos y los profetas, quien posee el don de la palabra ejerce un poder sobre los que le escuchan. Así, el tracio Orfeo es el símbolo clásico del poder del canto. Desde entonces del papel del creador, artífice visionario, se ha llegado a la muerte del autor o a la búsqueda de la colaboración del lector en el hecho literario.

Autor-lector analiza el controvertido papel del autor en la producción literaria; al tiempo que cuestiona la tradicional pasividad del lector. Para ello, Rivero Potter toma como ejemplo a Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes y Severo Sarduy.

A su juicio, Huidobro defiende la autonomía de la ficción frente a la realidad convencional, pero también es un visionario que percibe los problemas de su época y los incorpora a su obra. En cambio, Carlos Fuentes y Severo Sarduy, influidos por el estructuralismo y el postestructuralismo, consideran que el «creador» no es una figura indispensable para el significado del texto. En cuanto a Borges, enfoca la crítica en dos vertientes: la primera hace énfasis en que el autor es un ente inspirado y omnipresente, cuya intención interpreta al lector pasivo; la segunda, descentra al lector y lo hace escritor del texto. Al final se concluye que, aunque los escritores estudiados difieren de su concepción del autor, aspiran a un público ideal al que piden diferentes niveles de participación.



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